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recetas veganas, vegetarianas y ayurveda

¿Dónde guardas tus pepinos?

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¿Y los tomates?…¿y las berenjenas? ¿A que va todo a la nevera, posiblemente en un cajón con dibujitos de verduras? Érase una vez yo creía que había que meter toda la fruta y verdura en la nevera, que la refrigeración no cambia la textura ni el sabor de los alimentos, que sólo prolonga su duración. ¡Pues resulta que no! Hay un sitio mucho mejor para todos estos manjares.
El sitio ideal para guardar estas 3 verduras veraniegas no es la nevera sino a temperatura ambiente donde durarán más: tanto el pepino, el tomate y la berenjena son muy sensibles a los cambios de temperatura, especialmente a temperaturas por debajo de los 10ºC que pueden dañar tanto la textura como el sabor de tus ingredientes favoritos. Según UC Davis si guardas tus berenjenas a menos de 5ºC durante un periodo de tiempo largo, la pulpa y las semillas se pondrán de color marrón y le saldrán esas “pupitas” del frío en la piel. Lo suyo es ponerlas en un lugar fresco, en un cuenco con ventilación, nada de bolsas de plástico, sin contacto directo con el sol y consúmelas unos 3 días tras cosecharlas o comprarlas.
Si eres de esas personas que derivan gran placer de mordisquear pepinos gélidos (hay de todo en este planeta), te dejo meterlos en la nevera (a pesar del riesgo que corres de que baje la calidad de tu preciado pepino), pero nunca más de 3 días y mejor en la parte más cercana a la puerta donde hace menos frío, y, por supuesto en cualquier estantería menos la de abajo del todo ya que en las estanterías de arriba las temperaturas son algo más cálidas.
Otro tip a tener en cuenta es que tanto las berenjenas como los pepinos son muy sensibles al etileno, un gas natural que hace que ciertos alimentos maduren (y se estropeen) más rápido, así que además de poner los pepinos y las berenjenas en la encimera, aléjalos de los plátanos, melones y tomates porque todos ellos producen mucho etileno.
El rey del verano, el tomate, necesita su propio parrafito, porque si sueñas con un tomate jugoso pero con textura firme, que esté en su punto de madurez y a temperatura ambiente, como si lo acabaras de coger de la mata, hay prestar atención a lo siguiente:
Al meter los tomates en la nevera el proceso de maduración se interrumpe, así que sus deliciosos sabores tampoco se acaban de desarrollar, el frío hace que pierdas jugosidad y la textura se vuelve más seca y harinosa (si naciste antes de los 90 te acordarás de aquellos maravillosos años cuando todos los tomates de España y olé eran de calidad suprema, no existían tomates chungos, lo juro). Así que pasa de la nevera y busca un lugar fresco para estas joyas del verano y, como son delicados, ponlos en fila (sin apilarlos que no se aplasten unos a otros). Si tienes tomates ya maduros y/o hace mucho calor en tu zona, y no vas a comértelos hasta dentro de 3 días, los puedes meter en la nevera (siguiendo los mismos consejos neverísticos que hemos visto para los pepinos) para que no se te pudran antes de disfrutarlos.
Por último, si lo que tienes entre manos son tomates que ya han pasado por alguna cámara frigorífica, antes de comerlos, déjalos en la encimera durante una hora o así para resucitarlos y que su sabor se parezca más a su estado natural.
Sigue estos consejitos de foodie y tu calidad de vida aumentará, te lo aseguro, el sabor de los tomates pre-Comunidad Europea volverá a tu mesa.

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